El emprendedor canario que aprendió “a hostias” presenta en Madrid el método Dormitorum

5 de noviembre de 2025
Alan Barroso y Alexis Amaya
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on linkedin
LinkedIn

En Madrid no llovía desde marzo. Lo hizo con ganas el 5 de noviembre, justo a la hora en que Alexis Amaya presentaba su libro “A hostias se emprende” (Gaveta Ediciones, 2025) en la librería El Faro.  Aun así, la sala se llenó. Emprendedores, curiosos y amigos –entre los que se encontraba Barbara Rey– acudieron a escuchar al fundador de Dormitorum, una empresa que nació vendiendo colchones en Canarias y hoy factura 52 millones de euros al año.

El politólogo Alan Barroso presentó el acto, que abrió llevándose a su terreno al comparar al político que triunfa por saber comunicar, con en el emprendedor que lo hace porque sabe vender. Esta idea le llevó a reflexionar que los buenos líderes —sean de empresas o de gobiernos— son los que entienden cómo conectar con los demás. Y esta es una de las facetas que Alexis Amaya borda, porque ademas de un buen empresario también es un excelente comunicador tal y como demuestra su podcast The Alexis Army.

El manual del fracaso (y del aprendizaje)

“El 80% del libro son hostias que he recibido”, confesó Amaya entre risas. Pero no se refería a un desahogo autobiográfico, sino a un manual de gestión nacido de la experiencia. “Cuando un empresario fracasa, la mayor parte de las veces la culpa es suya”, dijo sin rodeos. “Y cuando tiene éxito, se debe a su buena sed… y a las personas que lo acompañan”.

Su discurso —honesto, sin una gota de victimismo— deconstruye el relato épico del emprendedor moderno que promete riqueza inmediata y Lamborghinis en tres meses. A hostias se emprende no va de eso. “El éxito se consigue tomando buenas decisiones. ¿Y cómo se toman buenas decisiones? Habiendo tomado malas antes”, explicó.

En la conversación con Barroso, surgió un tema que hoy incomoda tanto a la izquierda como a la derecha: el capitalismo de amiguetes. El autor lo definió como “el que busca favores del poder en lugar de competir. El verdadero capitalismo se basa en la competencia: dos empresas intentan hacerlo mejor, y así mejoran los productos y los servicios”.

No hay ni un rastro de ideología en su razonamiento, solo realismo económico. Dormitorum nació en un mercado maduro, dominado por gigantes como Flex o Pikolin, y aun así logró hacerse un hueco. “Siempre hay una forma de hacerlo mejor que la competencia”, aseguró. Ese es el capitalismo que funciona: el que premia el mérito y castiga la mediocridad, no el que reparte privilegios desde los despachos ministeriales.

El empresario como redistribuidor de la riqueza

Amaya no rehuyó el debate sobre salarios ni sobre redistribución. De hecho, lo abordó con una franqueza poco común en el mundo empresarial y uno de los pilares que forman la clave del “método Dormitorum”:

“Somos la empresa del comercio que paga los salarios más altos del sector, y somos la segunda más rentable de España. En los servicios, la maquinaria son las personas. Cuando alguien es más feliz, produce más. ¿Qué es el capitalismo sino sacar más beneficio de algo? Si cuidando a mis empleados obtengo más rendimiento, no hacerlo es estúpido”.

Un planteamiento que basa la búsqueda racional del beneficio a través de la eficiencia humana. No se trata de repartir por buenismo, sino de reconocer que un trabajador motivado genera más valor. Aún así, recordó la importancia de que la empresa pueda tener beneficios, la clave fundamental para poder repartirlos y que, incluso el Estado pueda beneficiarse a través de los impuestos.

“El éxito no es solo una cifra en el balance, sino a cuántas personas haces felices a tu alrededor”, dijo. “Quiero ganar dinero, pero no a costa de amargar la vida a mis trabajadores”. Difícil imaginar una síntesis más lúcida de lo que debería ser la responsabilidad social empresarial: no postureo, sino coherencia.

Presentación de "A hostias se emprende" en Madrid.
Presentación de “A hostias se emprende” en Madrid.

“Ocho de cada diez emprendedores fracasan”

El empresario recordó que  “ocho de cada diez emprendedores fracasan a los tres años. Y, sin embargo, los políticos se felicitan por el número de nuevos autónomos. ¡Pero si la mayoría estará arruinada dentro de tres años!.

En un país donde se celebra la estadística sin mirar la realidad, su advertencia suena como una bofetada de sensatez. “Hay que dejar de celebrar nacimientos y empezar a celebrar menos entierros”, ironizó. “Lo que hace falta es capacitación, no propaganda”.

Preguntado por el impacto de la inteligencia artificial, Amaya ofreció una visión que combina pragmatismo y confianza en el mercado respondiendo que “la IA va a sustituir muchos trabajos, y eso no es malo. El capitalismo necesita que la gente tenga renta disponible para consumir. Si nadie tiene dinero, no hay capitalismo. Al final, incluso una renta mínima será necesaria para sostener el consumo”.

Sobre los jóvenes que buscan más libertad laboral, fue igual de claro: “Que hagan lo que les haga felices. El capitalismo siempre se adapta. Lo hizo con la esclavitud, con la jornada laboral, con las vacaciones… y ahora se adaptará a los valores de los jóvenes”.

El mercado funciona al margen de la política

Amaya asegura que ni el Estado ni el Gobierno tuvieron nada que ver con su éxito. “Monté mi negocio con un gobierno y creció con el siguiente. El Estado no intervino en nada”, dijo. “El mercado está ahí: hay que observarlo y hacerlo mejor que el resto”.

Denunció, eso sí, la paradoja canaria: “Somos la única región de España con aranceles para importar productos del propio país. Eso le cuesta a Dormitorum casi un millón de euros al año”. Otro ejemplo de cómo el intervencionismo y los absurdos administrativos pueden castigar a quien crea empleo y valor.

El momento más humano llegó cuando uno de los asistentes con famia en Valencia recordó la labor de Amaya tras la DANA , cuando se presentó con un camión de colchones en las zonas afectadas. “No fui el único, vi camiones repartiendo lavadoras y frigoríficos. Fue una historia que ojalá no hubiera tenido que vivir, pero lo que recibí valió más que los 500 colchones que donamos”, rememoró.

En este recuerdo condensó todo su mensaje: el empresario no es el villano que explota, sino el ciudadano que asume su responsabilidad y aporta valor a la sociedad. Incluso cuando el Estado falla.

En definitiva, la visión de este empresario nos recuerda que no se trata de prosperar a costa de los demás, sino con los demás.

“A hostias se emprende”, publicado por Gaveta Ediciones, es mucho más que una guía para emprendedores pues pone en valor que el capitalismo bien entendido, no es codicia ni amiguismo, sino esfuerzo, competencia y humanidad. Y que, como dijo Amaya, las hostias enseñan más que los aplausos.