Cuba: el relato del embargo frente a los datos

3 de mayo de 2026
Cubajaula
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Durante más de medio siglo, la explicación dominante sobre la situación económica de Cuba ha sido tan sencilla como eficaz: el embargo estadounidense. Una narrativa clara, exportable y, sobre todo, cómoda. Si la causa es externa, la responsabilidad también lo es. Sin embargo, cuando el análisis abandona la consigna y entra en el terreno de los datos, ese relato empieza a mostrar grietas. Un reciente estudio académico -The Forsaken Road, de Bastos, Geloso y Pavlik- introduce una conclusión incómoda: el embargo tiene efectos, pero explica solo una parte menor del deterioro económico. La mayor parte de la divergencia tiene su origen en la propia transformación del sistema económico tras 1959. 

Para entender la magnitud de esta afirmación conviene empezar por un punto que a menudo se omite: Cuba no era una economía marginal antes de la Revolución. A mediados del siglo XX se encontraba entre las más prósperas de América Latina y, en determinados momentos, sus niveles de renta se aproximaban a los de países europeos como Italia o Grecia. También equiparable a los de una España que, pocos años después, iniciaría su gran salto económico. Este dato no es una anécdota histórica. Es el punto de partida del análisis. Porque obliga a reformular la pregunta. No estamos ante un país que no logró desarrollarse, sino ante uno que interrumpió una trayectoria de convergencia que ya estaba en marcha. En términos económicos, se trata de una reversión de fortuna: un fenómeno poco frecuente y, precisamente por eso, especialmente exigente desde el punto de vista analítico.

Conviene detenerse un momento en esa Cuba previa a 1959. No era una economía perfecta, ni mucho menos. Existían desigualdades profundas, una elevada dependencia del azúcar y una relación muy estrecha con Estados Unidos que condicionaba su estructura productiva. Pero, al mismo tiempo, era una economía funcional dentro de los estándares de su tiempo: integrada en el comercio internacional, con inversión extranjera significativa, un sector privado activo y cierto dinamismo urbano.

Este matiz es importante porque desmonta una idea implícita en muchos relatos: que la Revolución vino a sustituir un sistema fallido por uno superior. El estudio no entra en valoraciones políticas, pero los datos sugieren algo distinto: que el cambio de sistema no corrigió las debilidades existentes, sino que introdujo otras nuevas, de mayor profundidad.

Durante décadas, la dificultad para explicar esta desviación ha estado en la superposición de tres factores: el cambio interno hacia una economía planificada, el embargo estadounidense y la ayuda masiva de la Unión Soviética. Cada uno empuja en direcciones distintas y, durante mucho tiempo, el debate se ha limitado a discutir cuál de ellos pesaba más. El problema es que esa discusión partía de una base inestable: los datos.

En una economía planificada, los precios no reflejan escasez ni preferencias, sino decisiones administrativas. A esto se suma el uso de sistemas contables no comparables con los estándares internacionales y, en algunos casos, la opacidad estadística. El resultado es que el PIB cubano, tal como se ha medido tradicionalmente, no es directamente comparable con el de economías de mercado.

Este punto merece ser subrayado. Durante años, buena parte del debate se ha construido sobre cifras que, en realidad, no estaban midiendo lo mismo. Comparar el PIB de Cuba con el de economías de mercado sin ajustar los precios equivale, en gran medida, a comparar magnitudes formalmente correctas pero económicamente engañosas. El estudio parte precisamente de ahí. En lugar de aceptar las cifras tal como están, reconstruye la evolución del PIB utilizando precios anteriores a la Revolución y ajusta las series para hacerlas comparables. No es un ajuste menor: es una forma distinta de mirar la economía. Una forma que elimina parte del ruido estadístico y permite observar con mayor claridad la trayectoria real.

A partir de esa base, los autores introducen una herramienta clave: el método de control sintético. En términos sencillos, construyen una “Cuba alternativa” a partir de economías con características similares antes de 1959. Esa economía ficticia permite estimar qué habría ocurrido si el país hubiese seguido una trayectoria comparable a la de sus pares. Este enfoque tiene una ventaja evidente: desplaza el debate desde la especulación hacia la comparación empírica. No se trata de imaginar escenarios hipotéticos, sino de utilizar datos reales de economías comparables para establecer un punto de referencia.

El resultado es difícil de ignorar

En 1972, el PIB per cápita cubano era un 48,3% inferior al de esa economía contrafactual. En 1989, la diferencia seguía siendo del 44,3%. Y cuando se elimina el efecto de la ayuda soviética, la brecha alcanza el 55,5%. 

No se trata de una desaceleración. Es una ruptura de trayectoria. Una divergencia sostenida que no se corrige con el tiempo y que, además, se produce con relativa rapidez tras el cambio de sistema.

Aquí aparece un matiz importante. La divergencia no es el resultado de un colapso repentino, sino de un proceso acumulativo. No hay un punto de quiebre único, sino una sucesión de decisiones que, con el tiempo, alteran la trayectoria de la economía.

En este punto, la pregunta inevitable es si el embargo puede explicar esa divergencia. El estudio aborda esta cuestión con un enfoque especialmente cuidadoso. No se limita a medir su impacto en un único escenario, sino que lo analiza bajo distintas hipótesis, incluyendo algunas deliberadamente favorables a maximizar su efecto.

El resultado es consistente. En el escenario más realista, la ausencia de embargo habría supuesto un aumento del PIB per cápita de aproximadamente un 3,8%. En escenarios más extremos, el impacto máximo se sitúa entre el 8% y el 10%. Este dato introduce una tensión evidente con el relato dominante. Si la divergencia total supera el 40% o el 50%, y el embargo explica como máximo en torno a un 10%, la mayor parte del fenómeno debe buscarse en otro lugar.

Parte de la confusión procede de cómo se interpreta el comercio. El embargo afecta al comercio, pero el comercio no se traduce de forma directa en producción. Las exportaciones suman, pero las importaciones restan. Esto obliga a medir su impacto de forma indirecta, a través de la apertura comercial y su relación con el crecimiento. Incluso utilizando este enfoque -favorable al embargo- su efecto sigue siendo limitado.

Si el embargo no explica el fenómeno, la otra gran variable es la ayuda soviética. Y aquí las cifras son extraordinarias. Durante décadas, Cuba recibió transferencias que llegaron a representar hasta el 28% de su PIB. 

Esto permitió sostener la economía, pero lo hizo sobre una base artificial.

Una parte significativa del crecimiento observado no respondía a mejoras de productividad, sino a transferencias externas. No era crecimiento en sentido estricto, sino sostenimiento. Una diferencia que puede parecer semántica, pero que es fundamental desde el punto de vista económico.

Mientras existió ese apoyo, la economía pudo absorber los costes del sistema. Las ineficiencias no desaparecían, pero quedaban amortiguadas. La asignación de recursos podía ser imperfecta, los incentivos débiles y la productividad limitada, pero el sistema seguía funcionando porque contaba con un respaldo externo que compensaba esas carencias.

Este tipo de sostenimiento tiene una característica esencial: no corrige los problemas estructurales. Los oculta. Cuando ese soporte desaparece, lo que emerge no es un problema nuevo, sino uno que ya estaba ahí. Esto introduce una distinción clave: la diferencia entre crecer y parecer que se crece. Una economía puede mantener niveles de actividad si recibe recursos externos, incluso aunque su estructura interna sea ineficiente. Pero esa estabilidad es frágil, porque depende de factores que no controla.

Llegados a este punto, el análisis converge hacia el núcleo de la cuestión: el funcionamiento del sistema económico. El estudio concluye que la transición hacia una economía socialista fue el principal factor explicativo del deterioro. 

La explicación se apoya en dos mecanismos fundamentales. El primero es el problema de la información. En una economía de mercado, los precios transmiten información sobre escasez, preferencias y costes. Permiten coordinar millones de decisiones sin necesidad de una autoridad central que las organice. Cuando ese sistema desaparece, la economía pierde su principal mecanismo de coordinación. Los planificadores deben decidir sin acceso a la información que proporcionan los precios. El resultado es una asignación ineficiente de recursos. El segundo es el problema de los incentivos. Sin propiedad privada ni beneficios vinculados al desempeño, los agentes económicos no tienen los mismos estímulos para innovar, mejorar procesos o asumir riesgos. El resultado es menor productividad, menor capacidad de adaptación y menor dinamismo.

A estos dos problemas se añade un tercero: la dificultad para corregir errores. En ausencia de competencia, presión social o cambio político, las políticas ineficientes tienden a persistir.

Esto permite entender por qué la divergencia no es puntual, sino sostenida.

En este contexto, el embargo adquiere una dimensión distinta. No como causa principal, sino como un factor que actúa sobre una economía cuya capacidad de adaptación ya estaba limitada.

El embargo introduce fricciones y el sistema determina cómo se gestionan.

Y cuando ese sistema presenta fallos estructurales, el resultado no es solo menor crecimiento, sino una desviación persistente.

Los contraargumentos habituales -desde los logros sociales hasta las limitaciones estructurales- introducen matices, pero no alteran la conclusión central. Pueden discutir la magnitud, pero no la dirección.

Más allá del caso cubano, el estudio introduce una reflexión más amplia. La forma en que se organizan los incentivos, se transmite la información y se corrigen los errores importa más que las condiciones externas.

Dos economías pueden enfrentarse a restricciones similares y obtener resultados muy distintos. El embargo es visible. El sistema es determinante.

Y confundir uno con otro puede llevar a diagnósticos equivocados.

Mitos sobre la economía cubana

  1.  “El embargo es la causa principal”
    El embargo tiene impacto, pero explica solo una parte menor del problema.
  2.  “Cuba era un país pobre antes de la Revolución”
    No lo era. Partía de una posición relativamente avanzada en América Latina.
  3.  “El sistema funcionó hasta que cayó la URSS”
    La ayuda soviética ocultaba ineficiencias estructurales.

En cifras

  • -48,3%, es la brecha de PIB per cápita en 1972.
  • -55,5%, es la brecha sin ayuda soviética.
  • 3%–10%, es el impacto estimado del embargo.