La tradición de pensar las islas

1 de septiembre de 2026
Premios Bravo Murillo
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Por su interés, reproducimos el Discurso de clausura que ofreció José Ramón Barrera, Consejero-Comisionado del REF de Canarias del Gobierno de Canarias durante la Ceremonia de entrega de los Premios Bravo Murillo el pasado 9 de julio de 2026.

Señoras y señores, buenas tardes.

Permítanme comenzar felicitando a La Gaveta Económica y, de manera especial, a Antonio Salazar, por mantener viva esta cita anual en torno al Régimen Económico y Fiscal de Canarias.

Quiero saludar también a Salvador Miranda, al premiado de la pasada edición, Juan Miguel Sanjuán, y, por supuesto, felicitar muy sinceramente a las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, que reciben este año el Premio Bravo Murillo.

Es un reconocimiento muy oportuno. Y lo es porque las Reales Sociedades Económicas forman parte de una tradición canaria que no siempre hemos sabido valorar como merece: la tradición de pensar las islas. 

De analizar sus problemas, estudiar sus recursos, debatir sus oportunidades y utilizar ese diagnóstico para mirar más allá de la inercia de cada época y preguntarnos qué necesitamos cambiar para que Canarias siga avanzando.  

Durante más de dos siglos, las Económicas han sido espacios de reflexión crítica, de contacto con nuevas ideas y de apertura intelectual. Desde la Ilustración, acogieron debates sobre las reformas necesarias para combatir la apatía, la resignación y la falta de ambición que tantas veces han limitado nuestras posibilidades como sociedad.

Estas instituciones representan, por tanto, el esfuerzo de distintas generaciones por convertir el conocimiento en una herramienta de mejora económica y de progreso social.

Y esa es, a mi juicio, la gran conexión que existe entre las Reales Sociedades Económicas, el decreto de Bravo Murillo y el Régimen Económico y Fiscal de Canarias.

Los tres temas nos llevan a una misma pregunta que atraviesa nuestra historia y que sigue plenamente vigente hoy: ¿qué herramientas necesita Canarias para prosperar?

Esa pregunta, señoras y señores, nos interpela hoy a todos.

Muy especialmente, a quienes crean empleo, invierten, arriesgan, sostienen una empresa familiar, impulsan un proyecto nuevo, pagan nóminas, buscan clientes y tratan de crecer desde un territorio que no compite en igualdad de condiciones.

Ustedes saben mejor que nadie que el mundo ha cambiado profundamente en los últimos treinta y cinco años.

Ha cambiado la forma de producir, de vender, de comunicarnos, de trabajar y de competir. Ha cambiado, en definitiva, la economía. Y, sin embargo, la parte fiscal de nuestro fuero sigue respondiendo a necesidades de otra época.

Permítanme plantearlo con una imagen sencilla.

¿Alguien en esta sala sigue utilizando el fax como principal herramienta de comunicación en su empresa?

Seguramente no.

¿Por qué?

Porque hoy existen herramientas más rápidas, más eficientes, más flexibles y más útiles: el correo electrónico, la mensajería móvil, las redes sociales, los sistemas de gestión, los chatbots, la inteligencia artificial generativa.

Nadie renunciaría hoy a estos adelantos para aferrarse a una tecnología que cumplió su función, pero que ya no responde a las necesidades actuales.

Y, entonces, la pregunta es evidente: si hemos actualizado nuestras empresas, nuestros procesos, nuestras comunicaciones y nuestra forma de competir, ¿por qué no adaptar también el marco en el que operamos? ¿por qué no actualizamos nuestro Régimen Económico y Fiscal para que responda a la realidad que tenemos hoy?

No se trata de negar lo que el REF ha aportado. 

Sería absurdo.

El REF ha sido y sigue siendo una pieza esencial para Canarias. Todos los que estamos aquí sabemos por qué existe, qué función cumple y qué significa para un territorio alejado, fragmentado y ultraperiférico como el nuestro.

Precisamente porque sabemos lo importante que es, no podemos permitirnos convertirlo en un fósil.

Defender el REF es mantenerlo vivo. Es evaluar sus efectos. Es revisar sus instrumentos. Es preguntarnos con rigor si lo que fue diseñado para la economía de los 90’s sirve hoy para mejorar nuestra competitividad, nuestra productividad y nuestra capacidad de generar prosperidad.

Porque el mundo de los años noventa era otro. Y los retos de Canarias también eran otros.

Hoy debemos preguntarnos si nuestro fuero está ayudando suficientemente a que nuestras empresas sean más productivas o si está generando distorsiones que nos alejan de ese objetivo. 

Creo que la respuesta es suficientemente clara y estamos obligados a actuar.

Sabemos que nuestra economía está muy expuesta a factores externos y es vulnerable a los cambios de ciclo debido a nuestra fuerte especialización productiva.

En un escenario global tan incierto como el actual, nuestro porvenir se asienta sobre un ecosistema de microempresas (90%) de baja rentabilidad (2,7%), con escasa capacidad de capitalización y con enormes dificultades para crecer.

De hecho, Canarias lidera la tasa de mortalidad empresarial en España. Una de cada cuatro nuevas empresas cierra antes de cumplir cinco años. Y el 70% de las que fracasan no tienen empleados.

Las pymes, en cambio, triplican la rentabilidad económica media de las micro y son el motor del empleo. Por tanto, parece obvio que necesitamos que nuestras empresas crezcan.

Que ganen tamaño, solvencia, liquidez.

Que puedan contratar, formar, innovar y competir.

Vivimos en la economía del conocimiento.  El principal motor de la riqueza ya no son las materias primas, ni los activos físicos.

Es la capacitación continua, la tecnología, la innovación, la capacidad de adaptarse.

Es el talento.

El Foro Económico Mundial advierte en su último informe sobre el Futuro del Trabajo que cerca del 40% de las competencias necesarias para el día a día de las empresas cambiarán antes de 2030. Y señala, además, que la brecha de habilidades es ya una de las principales barreras para la transformación de las empresas.

Ese es el mundo en el que competimos.

Canarias presenta hoy diferenciales claros con respecto al resto de España en aspectos clave para la productividad.

  • En formación, las empresas canarias invierten al año 41€ por trabajador mientras que la media nacional es de 70€.
  • Solo el 16% de las empresas canarias forma a sus empleados frente al 20% nacional.

Estas diferencias son estructurales, diferencias que son, precisamente, el objetivo central del REF. Sin embargo, a día de hoy no contempla ninguna de ellas.

  • No fija compensaciones por una mayor inversión en capital humano
  • Tampoco por capitalización empresarial real
  • No facilita la dinámica empresarial con el nacimiento de nuevas empresas
  • No quita obstáculos para los sectores emergentes que conocemos en la actualidad, ni a los están por venir y aún no conocemos.

En definitiva, no nos está compensando por vivir, trabajar y operar en Canarias. Sólo compensa la inversión en determinados activos.

El economista francés Frédéric Bastiat escribió el famoso ensayo Lo que se ve y lo que no se ve. Y creo que esa idea nos ayuda mucho a entender el debate que tenemos por delante.

Porque cuando debatimos sobre nuevas medidas fiscales, muchas veces nos quedamos solo en lo inmediato.

En lo que se ve. En la inversión inicial. En la cifra aislada.

Pero la economía no se entiende mirando únicamente el primer efecto de una decisión. La economía exige mirar también lo que todavía no se ve.

  • La empresa que gana solvencia y puede contratar.
  • El autónomo que respira con algo más de margen.
  • El trabajador que aumenta su renta disponible.
  • La pyme que invierte en formación.
  • El joven que encuentra su primera oportunidad.
  • El mayor de 52 años que vuelve al mercado laboral, adquiere nuevas competencias, aumenta sus ingresos y recupera un papel activo dentro del sistema.
  • El nuevo sector que se instala en Canarias porque encuentra un marco ágil, atractivo y pensado para competir.

Eso es lo que tenemos que ser capaces de ver.

Y esa es la lógica de las propuestas que hemos planteado que desde el Gobierno de Canarias y el Comisionado para modernizar el REF.

No son medidas aisladas.

No son parches ni ocurrencias.

Son una apuesta por activar un círculo virtuoso de crecimiento, empleo, inversión, capacitación laboral, consumo local y prosperidad compartida.

  1. Medidas para aliviar las cargas sociales de las empresas que contraten de forma indefinida a desempleados de larga duración, incorporando al REF una dimensión que hasta ahora ha estado poco presente: la dimensión del empleo y del talento.
  2. Medidas para fortalecer la capitalización de las empresas, no obligándolas a invertir de una única manera, sino permitiendo que retengan liquidez, refuercen sus fondos propios, ganen solvencia y puedan utilizar ese margen para crecer, contratar, favorecer la conciliación, dotar de nuevas habilidades a sus empleados, comprar mercancía, pagar nóminas o afrontar mejor la incertidumbre.
  3. Medidas para atraer sectores escasamente implantados, innovadores y de futuro, con menos rigidez y con más capacidad para abrir Canarias a nuevas cadenas de valor.
  4. Medidas para fomentar el consumo de productos elaborados en Canarias, reforzando nuestra economía local, mejorando nuestra balanza comercial y reduciendo también nuestra huella de carbono.
  5. Y medidas para que el REF sea también una palanca directa para las familias canarias, a través de una deducción en el IRPF que aumente la renta disponible de trabajadores y autónomos.
  • Porque si una empresa está mejor capitalizada, puede invertir y contratar.
  • Si contrata, reduce el desempleo y genera cotizaciones.
  • Si los trabajadores tienen más renta disponible, consumen más en la economía local.
  • Si el consumo local crece, nuestras empresas venden más.
  • Si venden más, pueden volver a invertir.
  • Y si ese proceso se orienta bien, gana el conjunto de Canarias.

Ese es el círculo virtuoso que debemos atrevernos a desencadenar.

Y en esa tarea, señoras y señores, ustedes tienen un papel fundamental.

Porque los gobiernos pueden proponer instrumentos. Pueden crear condiciones.

Pero son las empresas, los autónomos, los emprendedores y los profesionales quienes convierten esas herramientas en actividad económica real.

Por eso, hoy, en un acto que reconoce a instituciones que nacieron precisamente para pensar Canarias, quiero invitarles a que miremos juntos más allá.

A que no confundamos la defensa del REF con el inmovilismo.

Bravo Murillo entendió, en su tiempo, que Canarias necesitaba herramientas distintas para competir en un mundo distinto.

Las Reales Sociedades Económicas ayudaron a la sociedad a entender que las islas necesitaban pensamiento crítico, apertura, reformas y conocimiento.

Y a nosotros nos toca entender que Canarias necesita un REF preparado para la economía del conocimiento, para la transformación tecnológica, para la mejora de la productividad y para la creación de empleo de calidad.

Esa es la responsabilidad que tenemos desde el Gobierno de Canarias y el Comisionado del REF.

Y esa es también la oportunidad.

Porque la historia la escriben quienes entienden el cambio, se anticipan a él y ponen sus instrumentos al servicio de lo que su sociedad necesita.

Desde el Gobierno de Canarias confiamos en que seremos capaces de hacerlo junto a ustedes.

Muchas gracias.