Rais Busom: “La única manera de ser soberanos es que la ciudadanía emita moneda”

4 de agosto de 2025
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Bernardo Sagastume
Rais Busom, que acaba de publicar Posglobalismo. Cómo reconstruir la civilización desde el borde (Sekotia), disecciona en esta conversación los mecanismos de control del sistema financiero global y las alternativas que ofrece la tecnología blockchain. Desde su experiencia como empresario y su evolución intelectual desde el obrerismo italiano, analiza por qué los bancos centrales temen a Bitcoin y cómo las élites utilizan agendas ideológicas para el control social.

¿El sistema financiero tradicional teme a Bitcoin y las criptomonedas?
– Ha habido una evolución en este tema. Primero, un poco de no comprensión, después intentos de prohibir o regular. Lo que está claro es que la tecnología blockchain ya se utiliza por los bancos centrales en sus proyectos de monedas digitales. Hay 135 proyectos ya en marcha de este tipo. La Unión Europea tiene su propio proyecto de moneda digital, el euro digital. Lagarde ha dicho claramente que la única cosa que puede pararlo es Bitcoin. Si los usuarios tienen sus propios monederos móviles y son totalmente independientes, no solo del banco central sino de los bancos, tendrán un problema. En Europa, el 50% de los ahorros en criptomonedas está en stablecoins, en dólares digitales como USDT. Esto significa que por la puerta trasera se les está colando el dólar en el mundo del euro.

– La moneda buena desplaza a la moneda mala. ¿Cómo van a obligarnos a movernos con la moneda mala?
– Ateniéndose a las declaraciones públicas de la Unión Europea respecto al euro digital, todas las ventajas que se nos dicen pueden parecer útiles: no te van a cobrar nada por tener euros digitales, podrás hacer transacciones inmediatas en cualquier país. Pero todas estas cosas las puedes hacer hoy en día con otros medios de pago. Bizum ya funciona en Italia y otros países. Creo que tiene mucha relación todo el tema del rearme europeo. No solo es un tema de seguridad europea, es un tema también de expansión monetaria. El rearme de los 800.000 millones. Se ha dicho que los ahorros de las empresas y ciudadanos europeos podrán ser utilizados para financiar esto. Es la manera de imponerlo: “Vienen los rusos, vamos a poner el euro digital que es magnífico”. Para el Banco Central Europeo es súper importante hacer esto y además evitar que la gente vaya a soluciones de criptomonedas en monederos que no controlan.

¿Cuál va a ser el medio coercitivo para imponernos el euro digital?
– Ahora mismo hay tres países, solo tres países en el mundo, de los 135 proyectos digitales de bancos centrales que los han puesto en marcha. El más grande ha sido Nigeria, que son 200 millones de personas. Lo que pasó allí es como una especie de sainete africano. Primero hicieron un referendo que salió al 98% en contra de la implantación de la moneda digital, pero el presidente decidió implementarla igual. Como no tuvo mucho éxito, fueron por las bravas: prohibieron el efectivo.

¿Y qué pasó?
– Se lió parda. No podían comprar comida, gasolina, estaba todo parado, protestas en la calle. Al final, no tuvieron más remedio que echarlo para atrás. Tuvieron incluso que sacar una nueva moneda. Además, desaparecieron 6.000 millones y al presidente del Banco Central lo metieron en la cárcel.

¿Cómo ve que puedan implementarlo aquí?
– Creo que aquí están mejor asesorados, pero desde luego lo que tienen que buscar es un evento como algo bélico, algo que sea muy de fuerza mayor para que la gente adopte estas medidas de emergencia. Una vez ya estás puesto va a ser difícil salir. Pero abre la puerta al crédito social, que es esta manera de controlar la sociedad y sus hábitos. No solo saben exactamente lo que te gastas, sino que pueden decir: “Usted come demasiada carne, por lo tanto no puede tener un seguro médico”. Esto está pasando en China.

He leído su explicación acerca de la termoeconomía. ¿Cómo es el concepto?
– Se basa en que al final existiría una economía real de las industrias, las empresas, el comercio. Hoy en día existe una economía financiera que se ha comido esta economía real, y esta economía financiera dominada por el dólar ya no tiene contrapartida con nada. Los termoeconomistas te dicen que todo lo que son estructuras disipativas como las personas, pero también las estrellas, las galaxias, las plantas, los animales, todos tienen el mismo proceso termodinámico: extraen energía que se puede utilizar, la transforman en trabajo y crean residuos. Aún tenemos muchos recursos energéticos. El gran problema no es que falten, sino que nos cuesta cada vez más extraerlos desde un punto de vista energético. Pongo siempre el ejemplo del petróleo. En los años 40-50, con el esfuerzo energético de un barril de petróleo sacabas 100. Hoy en día ese mismo esfuerzo sacas 10. Eso es la tasa de retorno energético. Cada vez sacas menos energía de las fuentes disponibles y eso es un problema. No puedes crecer. La única manera de crecer y mantener esta narrativa es enchufando estas expansiones monetarias, pero realmente es una trampa.

Habla usted de que todas estas agendas del género, del clima, del animalismo han sido utilizadas como modo de control social.
– Yo no me posiciono. En el libro he intentado ser bastante suave. Hablo del cambio climático utilizando científicos del establishment que han estado en el gobierno, no los extremistas. No es que yo esté en contra de la izquierda ni sea de derechas. Son categorías que no acaban de funcionar muy bien hoy en día. Lo que sí es verdad es que hay gente que cree mucho en estas cosas, pero hay otros, hablemos de élites globalistas, que saben que lo que genera es poder. Nuestras élites han trabajado mucho los temas de conocimiento con sus think tanks y saben que si quieres convencer a la gente de izquierdas necesitas ideas de izquierdas y al contrario. Ellos han construido unas agendas que se basan en cosas en las que ellos no creen necesariamente. Lo que pueden creer es en el sistema de dominio: primero monetario, político, pero el ideológico conceptual es súper importante.

La hegemonía cultural de Gramsci.
– Lo que se hace es dividir a la sociedad para poderla controlar mejor. Un tema estratégico para ellos es el control de la natalidad, porque como no hay energía para todos, ya piensan en que es necesaria una reducción de la población. Es un neomalthusianismo. Ellos no están a favor ni en contra del género. Para ellos es simplemente un instrumento.

¿Cómo definiría el posglobalismo y qué valor predictivo le ve a este concepto?
– El título del libro se refiere a que hay este sistema de dominio que se llama globalismo, que está basado en el sistema monetario mundial y toda esa creación artificial de dinero que sirve para controlar las empresas clave en el mundo, para también influir sobre toda la escena política. Vemos que hoy en día parece que los políticos se han olvidado de los ciudadanos. Pero esto también está en crisis porque están haciendo equilibrios muy importantes para el tema monetario a nivel mundial. En algún momento esta deuda se tiene que quemar, se quemará con una guerra, no sé, pero alguna cosa un poco bestia se tendrá que hacer.

¿No hay escenario alternativo?
– Hay alternativas. Tengo fe en la alternativa blockchain para crear sistemas de intercambio siguiendo a la escuela austríaca de economía y su idea de la desnacionalización del dinero: que los bancos centrales no emitan moneda, que sea la ciudadanía, las empresas, las asociaciones de ciudadanos. Al final, la única manera de ser soberano es que la soberanía viene de la emisión de moneda. Si la ciudadanía no emite moneda, no está en control de nada. El otro aspecto es la democracia digital, una democracia digital directa y distribuida. Hoy en día tenemos tecnología para poder votar todo, incluso los presupuestos se podrían votar grandes partidas. La brecha digital existe también en el ámbito político: el sistema democrático del siglo XIX no ha cambiado nada. Si la voluntad es que la ciudadanía pueda expresar la soberanía, existen ahora fórmulas que además no se pueden adulterar a nivel de fraude electoral.

En su viaje intelectual personal habla del obrerismo italiano. ¿Qué le diría hoy a ese joven que tenía esas ideas?
– Mi experiencia es la de un joven idealista, bastante teórico. Creía en teorías de izquierdas en aquellos momentos, y el obrerismo era algo que tenía sus avances intelectuales. Yo tenía bastante relación con Toni Negri, que es uno de los teóricos de este movimiento. Pero yo, en un momento dado, por circunstancias personales, entré en el mundo real de las cosas, en la creación de mi empresa. Entonces algunos planteamientos que tenía cambiaron radicalmente y creo que para bien. Estas utopías socialistas no están bien planteadas y al final siempre hay una serie de élites que se aprovechan. Está claro que si no hay riqueza, no hay prosperidad; si no hay innovación, no hay nada. Esa es una de las cosas que uno aprende con el tiempo.