Emprender no es lo mismo que sobrevivir

3 de agosto de 2025
Emprender o sobrevivir
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Afirmar que en España el emprendimiento va bien porque se registran cifras récord en la afiliación de trabajadores autónomos (ya son 3,42 millones) esconde una realidad menos cómoda: no todo autoempleo genera valor añadido. Las estadísticas pueden ser engañosas y cabe recordar que cantidad no es lo mismo que calidad.

Un reciente estudio de Funcas analiza la “cualificación del tejido empresarial” (Papeles de Economía Española, n.º 183) y diferencia entre quien emprende por oportunidad y quien lo hace por necesidad. Un matiz clave para entender el impacto real del emprendimiento en una economía que tiene el dudoso honor de ser el segundo país de la OCDE con mayor tasa de desempleo. 

El canario Pedro Andueza, autónomo y vicepresidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Autónomos (ATA), explica a la Gaveta que esta diferencia es sustancial: “emprender por necesidad suele ser una respuesta a la falta de alternativas laborales, mientras que emprender por oportunidad implica una visión estratégica, una idea clara de negocio y la intención de crecer, innovar y generar valor”.

Dos perfiles, dos resultados

Los datos confirman que buena parte de los nuevos autónomos surgen como respuesta a un mercado laboral que no absorbe toda la demanda de empleo. Y aunque esta vía de autoempleo es legítima, difícilmente puede sostener una economía productiva a largo plazo si no se convierte en un proyecto sólido.

Quienes emprenden por necesidad suelen carecer de capital inicial, formación o red de apoyo. Sus negocios son frágiles, tienen escaso margen de maniobra y desaparecen en cuanto mejora el empleo asalariado. En cambio, los que emprenden por oportunidad tienden a innovar, a emplear a otros y a generar mayor valor añadido.

“En Canarias convivimos con ambos perfiles, aunque las condiciones estructurales de nuestro mercado laboral tienden a favorecer el emprendimiento por necesidad”, advierte Andueza. El resultado es una brecha: mientras algunos sectores emergentes –información, comunicación, actividades técnicas– han crecido, el número de autónomos empleadores ha caído un 13% en Canarias en cinco años, muy por encima del descenso nacional (8,5%).

Funcas alerta de que gran parte de las políticas públicas se limitan a facilitar el alta, sin asegurar que ese autónomo sobreviva, se consolide y crezca. Andueza coincide: “Fomentar el emprendimiento no es sólo incentivar el alta de nuevos autónomos, sino también trabajar por su consolidación, supervivencia y crecimiento”.

Además, la insularidad y el sobrecoste estructural complican aún más escalar un proyecto en el archipiélago. La presión fiscal, la rigidez normativa y la falta de un marco adaptado ahogan a quienes se atreven a ampliar su negocio. “Dar el paso de contratar a una persona es un salto al vacío para muchos autónomos”, denuncia Andueza, recordando que “un 40% le gustaría contratar pero no pueden”.

En esa misma línea, Gonzalo Illesca, consultor de startups y pymes y profesor de UFM y Universidad de las Hespérides, dispara contra la raíz del problema: “en España no existen incentivos ni herramientas reales para emprender. Todo se basa en ayudas, y el emprendedor no quiere ayudas: lo que necesita es un marco fiscal justo y herramientas para desenvolverse”.

Políticas públicas… que nadie evalua

Durante años, las administraciones han impulsado medidas como la tarifa plana, la capitalización del paro o subvenciones a fondo perdido para incentivar el autoempleo. Pero como explican los analistas de Funcas, estas políticas, aunque bienintencionadas, carecen en muchos casos de evaluación rigurosa y, lo que es más grave, no distinguen entre proyectos con potencial y los que solo responden a una urgencia laboral.

“Aquí el Estado prefiere regalar 300 euros de cuota durante un año antes que replantearse el partido. Te da ventaja 2-0 al empezar, pero sigues jugando contra el Madrid”, ironiza Illesca y remata “el emprendedor no quiere ayudas. Quiere un partido justo. Que te den una ventaja de salida no sirve. Lo que quieres es un campo de juego equilibrado para competir de verdad”.

La tarifa plana ha servido para incrementar las altas en el RETA, pero no para aumentar la supervivencia empresarial. Muchos nuevos autónomos cierran en cuanto finaliza el incentivo. Es decir, se crea una ilusión estadística de emprendimiento, pero sin impacto real.

Las políticas de autoempleo han funcionado más como colchón social que como impulso a la productividad. Y aunque esto puede ser legítimo en un país con tasas de desempleo estructural altas, conviene no confundir asistencia con dinamismo económico.

Esta diferencia tiene implicaciones en términos de productividad, estabilidad y fiscalidad. El autoempleo de subsistencia apenas contribuye a las bases del crecimiento. El de alto valor, sí. ¿Por qué entonces muchas políticas públicas tratan igual a ambos perfiles?

En todo caso, Illescas critica también la lógica que está detrás de estas ayudas que buscan ofrecer ciertas garantías -pensiones, bajas laborales, etc.- a los emprendedores porque “el Estado del Bienestar vende la idea de que siempre habrá un colchón que te protege pero eso mata el hambre de emprender”.

En cualquier caso, este experto en emprendimiento remarca que “el único que tiene bienestar real en el Estado del Bienestar es el funcionario público. Para los demás, todo está tomado con alfileres: sanidad que empeora, educación que no encaja con el mercado laboral y pensiones cada vez más inciertas”. Y todos los autónomos saben, que en su caso todo ese “bienestar” siempre será peor que el de los asalariados o en la práctica no podrán disfrutarlo porque eso implica perder clientes y facturación, como ocurre con muchas bajas.

Así, aunque “en España se valora más tener un trabajo asegurado que intentar construir algo propio” también recuerda que “lo que el emprendedor necesita no es un sueldo garantizado, es un marco donde arriesgar valga la pena”. 

Al fin y al cabo un emprendedor debe asumir riesgos y la incertidumbre es inherente a la función empresarial. Ludwig Von Mises escribió en “La Acción Humana” que el empresario “se ocupa de las condiciones inciertas del futuro. Su éxito o fracaso depende de la corrección de su anticipación de los eventos inciertos. Si falla en su comprensión de las cosas por venir, está condenado. La única fuente de la que provienen los beneficios de un empresario es su capacidad de anticipar mejor que otras personas la futura demanda de los consumidores“. 

Un marco que permita crecer a los emprendedores y a las empresas

¿Qué pide este colectivo para pasar de la supervivencia a la creación de valor? Andueza es claro: menos burocracia, fiscalidad justa y progresiva, acceso a formación práctica y políticas que acompañen al autónomo en todo el ciclo de vida de su negocio. “España tiene un problema estructural con la alta mortandad empresarial, especialmente en los primeros cinco años, un 50%. Necesitamos acompañar, no abandonar”, reivindica.

Además, subraya que muchos autónomos siguen sin descanso: “uno de cada tres autónomos no podrá coger vacaciones este verano y uno de cada cuatro no descansará ni un solo día en todo 2025”. Una realidad que refleja la fragilidad del modelo y la urgencia de dotarles de herramientas para consolidarse.

Illesca coincide, pero va más allá: “no se trata de inventar subsidios. El verdadero incentivo es dejar al emprendedor en paz, darle seguridad jurídica y rebajarle el coste de estar legal. El resto es pan para hoy y hambre para mañana”.

En España, ser autónomo es jugar con las cartas marcadas. El que arriesga y crea empleo paga por todos. Muchos sobreviven y ven como, trimestre a trimestre, el Estado se lleva buena parte de lo que producen. Y para el que su negocio no puede asumir el incremento de los costes fiscales y burocráticos, se esconde y malvive en la economía sumergida, esa que aquí representa un 18% del PIB y a la que muchos se ven empujados porque la alternativa es rendirse.

Son los emprendedores los que generan valor para la sociedad

Pese a todo, en Canarias no faltan ejemplos de microempresas que innovan y generan valor real: “existen casos de autónomos que han logrado introducir innovación real en sectores tradicionales, como la agricultura, mediante nuevos cultivos o procesos más sostenibles; o en la gastronomía, con propuestas de kilómetro cero que combinan producto local e identidad de marca”, destaca Andueza. 

Son islas de valor en un océano de obstáculos. Proyectos que deberían ser norma y no excepción. Pero falta un ecosistema que les permita escalar: “necesitamos dar visibilidad a estos casos y, sobre todo, crear polos que traccionen ese talento”, continúa.

La clave, como señala Funcas y confirma Andueza, es dejar de premiar solo el número de altas y centrarse en la calidad del emprendimiento: “los autónomos no pedimos ayudas: lo que necesitamos es un marco más favorable que nos permita desarrollar nuestra actividad con estabilidad y perspectivas de crecimiento”.

La pregunta que queda es clara: ¿seguiremos llenando titulares con cifras de autónomos mientras ignoramos cuántos resisten, crecen y crean empleo? El reto es pasar del autoempleo de subsistencia al emprendimiento con impacto. Porque ahí es donde se juega de verdad la competitividad de la economía y la cohesión de las regiones. 

El autoempleo es digno. Pero no es un fin en sí mismo. Es la antesala de algo más grande: empresas que crecen, contratan, pagan impuestos -pocos y justos- y tiran de la economía. Para eso se necesita un marco menos confiscatorio, más ágil y, sobre todo, más justo. Como reclama Andueza: “los autónomos no pedimos ayudas: lo que necesitamos es un marco más favorable que nos permita desarrollar nuestra actividad con estabilidad y perspectivas de crecimiento”.