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Lo que podría ser España y no es

30 de julio de 2021
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Lo bueno de escuchar a personas que tienen las ideas claras es que se les entiende todo con gran facilidad. La presencia de Javier Fernández-Lasquetty en Las Palmas será recordada durante mucho tiempo por aquellos afortunados que pudieron asistir a su conferencia (que está disponible en el canal de YouTube de La Gaveta Económica). Y será recordada porque fue la demostración de que las buenas ideas funcionan y que abandonarlas solo porque hay un contexto mediático o social que no las favorece (y hasta las combate) es un error. El éxito de las políticas económicas aplicadas en Madrid nos debe llevar a pensar en lo que podría ser España y sin embargo no es.

Mientras tenemos un ministro que muestra como principal preocupación decirnos qué es lo que debemos llevarnos a la boca y de esta manera trata de dirigir nuestras vidas, en Madrid se ha optado por el camino contrario, el de meterse lo menos posible en la vida de las personas, para dejarlas actuar según dicte su voluntad, como demuestra la libertad de horarios comerciales. El resultado es que hoy Madrid es la región líder por su potencia económica y ha desbancado así a la Cataluña que en estos años languidece en los brazos del separatismo. Mientras tenemos una ministra que con la excusa eufemística de una supuesta armonización fiscal quiere meternos una vez más la mano en el bolsillo, en Madrid llevan dieciséis años bajando los impuestos a sus ciudadanos, que hoy pueden ver cómo a la hora de pagar su impuesto a la renta se les quita unos quinientos, mil o mil quinientos euros menos que si vivieran en otra comunidad autónoma. Mientras tenemos un gobierno que se ha dado a la producción de leyes en serie para restringir nuestros derechos, para decirnos qué y cómo debe enseñarse a nuestros hijos o para clasificar a las personas según sus preferencias sexuales, en Madrid se abre una línea de contacto con el ciudadano para que este denuncie cuanta norma o regulación se le interpone en su camino y le impide llevar adelante su vida personal o profesional con total libertad.

Este oasis de libertad en que están convirtiendo Madrid, por otro lado, muestra una recuperación económica, tras los peores meses de la pandemia, mucho más vigorosa que la de otras comunidades autónomas. Es que el efecto de bajar los impuestos será siempre mayor que cualquiera de las políticas «de estímulo» de las que se vanagloria hoy la mayoría de los gobernantes. Si pensamos en la economía como una tarta, los programas gubernamentales simplemente toman porciones de una persona y se las dan a otra. Por lo tanto, los programas «de estímulo» del gobierno rara vez hacen crecer la economía en general, porque el dinero gastado en estimular una parte de la economía debe, en última instancia, quitarse mediante impuestos (directos o indirectos) de otra parte de la economía. Por lo general, esto da como resultado una redistribución de recursos determinada políticamente, en lugar de una economía de mayor tamaño. Sin embargo, recortar los impuestos puede hacer crecer la tarta.

¿Por qué? Porque los actores económicos toman decisiones «marginales»: piensan en la próxima botella de leche que se comprarán o en la hora adicional de trabajo que tendrán que acometer y hacen un análisis de costo-beneficio. Solo tomarán una decisión si los beneficios superan los costes. Los impuestos sobre las rentas más bajas cambian esta decisión «marginal» sobre el trabajo. Por contra, los recortes de impuestos como los que ha acometido Madrid aumentan los beneficios de trabajar horas adicionales, mientras que los costos siguen siendo los mismos, lo que incentiva a las personas a trabajar más. Por lo tanto, la economía puede producir más en general que antes.

Por otro lado, las políticas de rebajas de impuestos pueden ser un buen síntoma de competencia fiscal interterritorial (y no de «dumping fiscal», como dicen quienes pretenden desacreditarlas) y estas rebajas del impuesto sobre la renta pueden hacer crecer la economía local al aumentar su atractivo en relación con otras regiones españolas. Sencillamente, es más probable que los residentes adinerados y los posibles inversores se reubiquen o inviertan en un territorio si saben que se enfrentan a impuestos más bajos solo por mudarse. Al reducir sus impuestos, Madrid aumenta la competitividad de su economía y, por lo tanto, favorece su crecimiento. Y nos hace pensar otra vez en todo aquello que podría hacer de España un país mejor para vivir y sin embargo no se hace.